Una fuga valiente

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Todo el mundo siempre habla sobre la cárcel. Cuando yo era pequeño, como el Imbécil, pensaba que era un castillo. Pero ahora entiendo que todas las malísimas personas de España, y quizás del mundo, viven en esta terrible monstruosidad. Mi madre siempre me dice que si no saco buenas notas y si trato mal al Imbécil, podría pasar allí toda mi vida.

Un día en clase, Yihad se comportó especialmente mal. Cuando la maestra le pidió a Yihad que presentara su ensayo, se levantó y salió de la clase como un huracán.

Después de la clase, cuando Orejones López y yo regresábamos a nuestras casas, pasamos por la cárcel y vimos a Yihad al lado de la verja mirando el edificio. Me di cuenta de que estaba llorando y, en ese momento, decidí ayudarlo.

Le pregunté que qué le pasaba. Yihad me dijo que su hermano estaba en la cárcel. Se supone que su sentencia termina la próxima semana, pero habían decidido alargar su estancia allí por mal comportamiento. El hermano de Yihad se peleó con otro preso y ahora debe estar allí un año más. Yihad me dijo que necesitaba mi ayuda y que si todo salía bien seríamos aceptados en su pandilla. El plan era sacar a su hermano de la cárcel.Screen Shot 2013-11-18 at 7.41.09 PM

Sin pensarlo, Orejones aceptó, y yo no tuve más remedio que decir que sí. Yihad parecía muy feliz. Nos dijo que todo saldría a la perfección y que para ello teníamos que  planear una estrategia.En ese momento, se me encendió la bombilla.

 

Le conté a Yihad que tenía un par de esposas en casa y que la llave estaba debajo de mi cama. Le dije que recogiese a Orejones y me esperase en la cárcel mientras cogía los utensilios para la fuga de su hermano.

Satisfechos, empezamos nuestra misión heroica para salvar al hermano de Yihad y para convertirnos en miembros de la pandilla más famosa de Carabanchel.

Cuando llegué a casa, empecé a buscar mi llave pero mi madre me vio. Me preguntó que qué buscaba, pero no me atreví a decirle la verdad porque sabía que no le gustaría lo que mis amigos y yo íbamos a hacer. Ella me ha dado muchas collejas esta semana y yo no quería más. Sin tener suficiente tiempo para pensar, le dije que buscaba mis gafas. Y me dijo que las llevaba puestas.¡Ay Dios, este niño no piensa!”

Gracias a Dios que mi abuelo estaba allí, le dijo que se calmara y que era malo para la mente de un niño que su madre siempre le gritara. Mi madre salió del cuarto enfadada, pero por lo menos se olvidó del asunto.

Así que esa noche me encontré con Yihad y Orejones López al frente de la cárcel. Yihad estaba con su abuelo porque nos dijo que era la única manera de que nos dejasen visitar a su hermano.

Yihad se emocionó cuando vio a su hermano y le dio un abrazo. Inmediatamente cogió la llave de mi mano y discretamente se la pasó a su hermano. Le susurró que esa llave era su salvación, que se quitara las esposas y que escapara con ellos. Su hermano se moría de la risa. Nos dijo que nos fuéramos, que vemos demasiada televisión.

Cuando salimos de la cárcel, Yihad nos dijo que nuestros esfuerzos no fueron suficientes para cumplir nuestra misión. Me regañó por la mala idea de darle una llave y me dijo que si quería pertenecer a la pandilla, debía tener mejores ideas. Mientras me regañaba por ser tonto, se me ocurrió otra idea. Podríamos intentar usar una escalera para saltar la verja de la cárcel y luego usar la escalera para que su hermano bajase por la ventana.

Compartí con mis amigos el nuevo plan, y esta idea les gustó más. Orejones López dijo que él tenía una escalera vieja en su casa.

A la noche siguiente nos encontramos frente a la cárcel, esta vez con la escalera vieja de Orejones López. Pusimos la escalera contra la verja, y Yihad me hizo ir primero. Mientras yo subía  la escalera, una luz que venía de arriba, me deslumbró. Una voz nos ordenó quedarnos allí y no hacer ninguna tontería.

En cuestión de segundos, unos guardias llegaron y me hicieron bajar. Cuando nos preguntaron que qué estábamos haciendo allí, le dije que estábamos liberando al hermano de Yihad. Se murieron de la risa, tanto o más como lo hizo el hermano de Yihad. Nos dijeron que no nos metieramos en más problemas, y que tenían que llamar a nuestros padres para que nos fueran a buscar.

La madre de Orejones llegó primero. Ella sólo lo abrazó y le tomó la mano.  Después el abuelo de Yihad llegó.  No estaba de buen humor, pero tampoco regañó a su nieto.  Se veía cansado, y simplemente le dijo a Yihad que se montara en el coche.  Después vino mi madre con cara furiosa.  Sin dejarme explicar lo que había pasado, me dio una colleja en la nuca enfrente de todos los guardias. Dijo que la estaba volviendo loca. Me miró y me dijo que dónde estaban mis gafas.

La realidad era que se habían caído al suelo cuando subía por la escalera y, como siempre, se habían roto.  Pero no quería que mi madre me diera otra colleja, así que le dije que cuando estaba subiendo, un prisionero me las había robado de modo que no era mi culpa haberlas perdido.  Yihad, que no es un traidor como Orejones, dijo que mi historia era verdad pero mi madre no me creyó.  Vino la segunda colleja, esta vez con más fuerza, y agarrandome del brazo, me empujó dentro del coche.  Esa noche fue la peor noche de mi vida.

Durante todo el camino a casa, mi madre estuvo gritando.  Ella no podía creer lo que había intentado hacer. Cuando llegamos a casa, parecía que la bronca se había acabado. Mi madre se había calmado y casi no le quedaba voz para gritar. Me miró con seriedad y hubo un momento de silencio en casa.

Después de unos minutos de silencio, me dijo que si me seguía portando mal, me iba a mandar a un internado. Esa noche decidí que iba a tratar de portarme mejor y no meterme en más problemas.