Perdido en Madrid

Hola. Como sabes, yo soy Manolito García Moreno, pero todos me llaman Manolito Gafotas. Yo vivo en Carabanchel, un barrio afuera de la ciudad de Madrid. Me gusta Madrid porque se puede comer mucha comida rica y ver a las personas famosas.

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Por ejemplo, una vez fui a la ciudad con mi abuelo y comimos hamburguesas y helado y hablamos con una presentadora del telediario.

Además, le dió a mi abuelo un vaso de agua! Yihad no me creyó cuando se lo conté, pero te juro que pasó. Cada vez que regreso a esa parte de la ciudad busco por las calles a esa mujer, pero nunca la he visto desde entonces. ¡Qué chasco!

Como te dije, me encanta ir a la ciudad. Pero a mi madre no le gusta. Siempre cree que voy a perderme. Cuando vamos a Madrid para hacer compras, o algo así, y estamos caminando por las calles siempre me dice – ¡No dejes de agarrarte de la mano!

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Eso me mosquea mucho porque sé muy bien cómo caminar. No soy como el Imbécil (mi hermano menor). ¡Tengo ocho años! ¡Prácticamente yo soy un adulto! Sin embargo, una vez sí estuve perdido. Mi madre se puso histérica cuando me encontraron. ¿Quieres saber cómo pasó? Te lo voy a contar.

Hace muchas semanas mi clase de la escuela fue a Madrid para salir de excursión. Fuimos para ir al parque y ver un desfile. Mi sita Asunción nos dijo que teníamos que tener el permiso de nuestros padres si queríamos ir con la clase. Si no, nos habríamos quedado en la escuela.

Fue muy difícil conseguir permiso de mi madre. Cuando se lo pedí me contestó – ¡No vayas! ¿Solo una mujer con tantos niños? No puedo creerlo. Es muy irresponsable.

Estaba muy triste y empecé a llorar, pero solo un poquito. Afortunadamente, mi padre le dijo a ella – Tiene ocho años. Cuando yo tenía siete años podía ir sólo a todas partes. ¡Y él va con su clase y su maestra! – Al fin y al cabo, le convenció a ella de cambiar su opinión. Siempre solo tengo que llorar un poco enfrente de mi padre o mi abuelo y me ayudan.Ice-Cream-Cone

Estaba muy emocionado de ir a Madrid con la clase. Los últimos días soñaba con la excursión a todas horas, por el día y por la noche. En mis sueños encontré otra vez a la mujer de las noticias y me dió un montón de helado y no le dió nada a Yihad. La mañana de la excursión no pude desayunar porque estaba demasiado emocionado. Antes de salir para la escuela mi madre me dijo – Cuídate ¡No vayas a ningún lado sin la profesora! – Casi no podía oírla. Pensaba solo en la excursión, el parque, el desfile y el helado.

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Nos fuimos en el metro y llegamos a Madrid después de treinta minutos. Primero, fuimos al parque para jugar y disfrutar. Era bonito. Tenía césped verde con mucho espacio para jugar. Siempre disfruto jugar en los parques. Me gustó pero, me habría gustado más si Yihad no me hubiera golpeado.

Después de treinta minutos de jugar, Mi sita Asunción nos gritó que fuéramos para oír donde nos encontraríamos después del desfile. Ella nos dijo que nos íbamos a encontrar al lado de la fuente de Neptuno a las 2 de la tarde, o dos horas más tarde. Entonces, como había dicho, fui a comprar helado con Yihad y el Orejones Lopez. ¡Para mí siempre es muy difícil escoger entre los tipos de helado porque me encantan todos! Creo que el chocolate es mi favorito. O vainilla. O quizás fresa. La verdad es que no sé. Esa vez, compré chocolate, Yihad y el Orejones Lopez compraron vainilla y no se apuraron para llegar al desfile.

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Pero cuando nos estábamos acercando al desfile alguien me chocó y mis gafas se me cayeron de la cara. No podía ver nada. Había perdido a mis amigos y mis gafas y no sabía dónde estaba y donde estaba la fuente de Neptuno. En realidad, estaba totalmente perdido. Caminé y caminé por horas, hasta creí que había encontrado la fuente. Me dolían los pies y me senté en un banco. Deseaba haber encontrado la fuente correcta.

No había encontrado la fuente correcta. Esperé y esperé. Hasta casi la caída de la noche esperé. Yo oí la voz de mi madre. Manolittoooooo! – ella gritó. Me abrazó. Ella estaba llorando y diciendo que ella sabía que iba a estar perdido. Afortunadamente, ella estaba más tranquila que enojada y no me dio una colleja. Además, le alegró tanto que estuviera bien que me compró helado. Esa vez fue de fresa.image-41