El mejor agente secreto del mundo

Autoras: Julia B, Julia R, Michaela y Marta

Al empezar el sábado, era un día de verano muy normal. Mi madre estaba preparando el desayuno en la cocina y yo tenía que leer un libro para el colegio. ¡Qué aburrido! Nadie debería leer en el verano… ¡sólo jugar y explorar! Mi libro tenía demasiadas palabras aburridas y por eso decidí dejar de leer. Quería hacer algo divertido, algo que mola mucho…

Quería disfrazarme como un agente secreto. Una vez, cuando la Susana Bragasucias vino a mi casa para ver el demonio de Tasmania, ella me mandó que me disfrazara como el genio de Aladino. Yo tenía que llevar unos calzoncillos y un pañuelo en la cabeza mientras ella era la princesa de Aladino. Eso no era tan divertido porque Susana era muy manolito y agentemandona y los genios no molan, pero los agentes secretos sí que molan mucho. Como yo quería ser un agente secreto, quería hacer cosas que los agentes secretos hacen, como espiar a Luisa, nuestra vecina. Eso sería divertido y muy cómico.

Mi abuelo todavía estaba durmiendo en el sofá cama y el Imbécil me molestaba muchísimo, como siempre. El problema era que el Imbécil quería ser un agente secreto como yo, pero no se lo permití porque él es un bebé. Por supuesto, cuando yo le dije esto al Imbécil él comenzó a llorar y corrió a mi madre. El Imbécil siempre monta un pollo. ¡Qué pesado! Mi madre se enfadó mucho y me dio una colleja. Ella siempre me da collejas en la nuca, especialmente cuando rompo mis gafas.

En fin, mi madre gritó con mucha ira que quería que me fuera de la casa y, de repente, tuve una idea brillante. ¡Saldría a hurtadillas de la casa y tendría una aventura como un agente secreto! Tenía que encontrar al Orejones y a Susana para planear nuestras huidas y nuestra gran aventura. Creía que sería un fin de semana típico, pero se convirtió en el mejor fin de semana del verano.

Ella lo dijo. La verdad, sólo esperaba una razón y entonces la tuve. Todo el mundo mundial entiende cuando no es querido en un lugar y yo no soy el Imbécil, así supe que debía dejar mi casa por mi propio bien. Pero sabía que necesitaría ayuda, así que salí a buscar al Orejones (el cerdo traidor) y tuvimos que hacer un plan de escape.

Hasta ese momento, el verano había sido como todos los anteriores. Desde el principio del verano me quedaba en la casa, merendaba y veía el demonio de Tasmania, o a veces tenía que ayudar a mi madre con los quehaceres o estudiaba matemáticas. Pero no me gustan nada ni los quehaceres ni las matemáticas, así que nunca los hago bien o digo que me duele la cabeza y entonces mi madre me permite ver el demonio de Tasmania.  Eso funciona todos los días (más o menos).

La única cosa que quedaba eran los problemas de próstata de mi abuelo. Siempre tiene problemas con la próstata. Pero por lo demás estaba cambiando esas cosas que siempre ocrurrían, estaba creando un verano mejor, más divertido y más molón al salir de mi casa y de mi barrio, Carabanchel, de una vez por todas. Sólo necesitaba la ayuda de mis amigos, de mis compañeros, los agentes secretos. Juntos seríamos el mejor grupo de agentes del mundo mundial.

Me encontré al Orejones en la calle fuera de mi casa. Estaba con Yihad y Susana. Todo era perfecto. Les dije lo que había ocurrido en mi casa y que necesitábamos una aventura lejos de nuestras casas.  Estaban de acuerdo porque todos de sus veranos eran muy malos por los padres y las reglas idiotas.  Fuimos al parque del Árbol del Ahorcado manolito y amigos en parqueporque necesitábamos silencio para planear, como los agentes secretos.

Bueno, aquí estaba nuestro plan: a la mañana siguiente saldríamos de nuestras casas muy temprano por la mañana, antes de amanecer, y nos reuniríamos en el parque del Árbol del Ahorcado.  Susana dijo que debíamos esperar hasta después del amanecer, pero la ignoramos porque ella es una chica y las chicas dicen estas cosas locas. Si llega a ser un chico le hacemos morder el polvo por ser un cobarde, la verdad, pero ella es una chica, así que no lo hicimos. Ella no entendía que necesitábamos oscuridad para ser buenos agentes secretos. Es imposible esconderse en la luz del día e íbamos a estar en una misión secreta en la que sería necesario escondernos.

Como el sol no habría salido aún cuando saliéramos de nuestras casas, no habríamos comido, así que sabíamos que íbamos a necesitar unos tentempiés. Elegimos al Orejones porque sus padres se han separado y su madre (que mola un pegote) siempre nos compra los mejores tentempiés para que no tenga un trauma. Teníamos un plan perfecto y molaba mucho, pero necesitábamos algo más, así que cuando regresé a mi casa tomé el dinero de mi cerdo y lo puse en el bolsillo de mi trenca. Todo estaba listo para la gran aventura de los mejores agentes secretos.

Esa noche no pude dormir nada. Sabía que tenía que salir antes del amanecer, a las cuatro, cuando el Orejones iba a avisarme con la llamada secreta. Sobre esta llamada, ¿a mí me lo vas a preguntar? Fue idea de Susana, claro, porque es una chica. Le dije a Susana que en realidad los agentes secretos no usaban las llamadas secretas porque usaban los walkie-talkies, pero no me escuchó (como todo el mundo, la verdad).

En fin, como decía antes, no pude dormir nada porque estaba nervioso y nunca puedo dormir cuando estoy nervioso porque todo el cuerpo se empieza a picar y tengo que rascarme.

Después de las horas más largas de mi vida, oí la llamada secreta y me levanté. Mi abuelo, que estaba durmiendo a mi lado, como siempre, no notó nada. En ese momento yo era el mejor agente secreto del mundo. Tomé mi mochila y me escabullí. Tuve que andar de puntillas por delante de la puerta de mis padres y, si digo la verdad verdadera, tenía tanto miedo que no podía respirar.

Finalmente llegué afuera y el Orejones estaba allí ya con Susana y Yihad. Todos nos saludamos con la cabeza y yo pensé:

—¡Cómo mola!

Era exactamente como en las películas. Caminamos al parque y no hablamos nada porque todos nosotros sabíamos que los agentes secretos nunca hablan porque son demasiado guays. Cuando llegamos al parque de Árbol del Ahorcado, Yihad fue el primero en hablar. Dijo que tenía mucha hambre. Se volvió al Orejones y le preguntó dónde estaban las meriendas, y el Orejones (el cerdo traidor) se puso rojo como un culo de mono y me miró a mí. El sucio mentiroso dijo que era mi trabajo traer la comida. Entonces todos me miraron como si yo fuera el cerdo traidor y de pronto todos empezaron a gritarme. Sabía que no era mi trabajo traer los bocadillos, pero también sabía que cuando las personas tienen hambre es imposible calmarse sin comida. La única manera de detener sus gritos era decirles que tenía dinero para comprar la comida en la tienda (y era la verdad porque tenía el dinero de mi hucha).

Así que nos dirigimos hacia la tienda y todo comenzó a verse mejor, hasta que llegamos y manolito y amigos nochenos dimos cuenta de que eran las cuatro y media de la mañana y todas las tiendas estaban cerradas. Esto causó una gran riña porque todos teníamos muchísima hambre. No había nada que pudiéramos hacer excepto sentarnos en un bordillo y esperar.

¿Qué puedo decir sobre lo que pasó después? Estaba oscuro todavía y no había dormido nada debido a mi picazón, así que estaba muy, muy cansado y el hambre sólo lo hizo peor. Total, que me quedé dormido, pero aunque fueras un agente secreto tú habrías hecho lo mismo. No sé cuánto tiempo dormí. Soñé que estaba en el limbo de los muertos y mi madre estaba gritando que  tardaba mucho en nacer.

Cuando me desperté, mis amigos, los peores del mundo, ya no estaban. En ese momento yo quería pegarles. Estaba solo en un bordillo del barrio de Carabanchel y tenía hambre todavía. Me levanté del bordillo pensando en mis amigos: el Orejones, el cerdo traidor; Yihad, el capitán Merluza, y Susana, la chica. No sabía dónde estaba pero no me importaba.

Probablemente se habían vuelto a casa como bebés que lloran por sus madres por la noche. Yo no soy un bebé como ellos, así que decidí llamar a la puerta de una casa cerca de la tienda. Mi madre siempre me aconseja que busque a un vecino cuando esté solo. Me imaginé que cualquier casa sería buena porque todo el mundo me conoce en Carabanchel. Me conocen por mi mote, Manolito Gafotas.

Crucé la calle y llamé a la puerta. Unos minutos después, una mujer abrió y, cuando me vio, gritó ruidosamente. Se parecía a Úrsula de la Sirenita. Era alta, su pelo hacía como tentáculos y su bata de baño era morada.

— Qué haces por la noche en la calle? ¿Porqué no estás en casa soñando con los monstruos y los camiones de juguete? Ven conmigo —  me dijo.

Ella era la única persona de Carabanchel que no sabía mi nombre.

Entré en la casa y le pregunté si tenía un bocadillo con mantequilla y colacao, porque a esas alturas me dolía tanto el estómago que me sentía como si Yihad me hubiera golpeado otra vez. La mujer me dijo que no tenía colacao, así que le pregunté si tenía un bocadillo con cerdo y ella me dijo la cosa más rara del mundo: me dijo que no comía la carne. ¡Qué extraña era la mujer! ¡Era como una jirafa!  Luego me dio una ensalada con cuadraditos blancos de alguna cosa que ella llamó tofu. Inmediatamente lo escupí al suelo. Estaba húmedo y blando. Ella me echó la bronca y me dijo que yo era un bárbaro sucio. Yo le dije que estaba de la próstata porque eso fue la única cosa que me vino a la cabeza en ese momento. Ella parecía un perro que ha visto un gato por primera vez y me dijo:

—  Duérmete en el sofá, por favor.

Me levanté muy temprano por la mañana y la mujer se ofreció a llevarme a mi casa, pero me quería ir sólo porque mi madre me daría una colleja si me veía con la mujer que me llevaba a casa. Cuando llegué a casa vi que no había nadie. Esperé allí porque mi madre y mi abuelo debían de haber ido al mercado con el Imbécil. No fue hasta las diez de la mañana que volvieron a casa.

— ¿Dónde has estado? — me preguntó mi padre.

De repente me dio una colleja en la nuca, pero no me importó porque llegué a ser un agente secreto aunque mis amigos estupidos me hubieran abandonado. Esto sólo demuestra que soy el mejor agente secreto de Carabanchel y, probablemente, del mundo.

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