Un día con los juguetes musicales

Autores: Caleb Ki y Elaine Jeon

Pensé que ayer sería un buen día, qué chasco. Ayer fue horrible. A veces la sita Asunción nos llevaba a la clase de Música. La maestra, la sita Victoria, era más simpática que la sita Asunción y molaba un pegote. La sita Victoria siempre sonríe y es la mujer más guapa en el mundo mundial. Hacía dos semanas que no volvíamos a la clase de Música, así que supe que íbamos a ir a la clase ese día. El Orejones y yo estábamos muy entusiasmados y nos gustaba la clase de música porque los instrumentos son muy divertidos. Era casi mágico que pudiéramos crear ruidos melodiosos con los instrumentos. Soy un cachondo, pero en la clase de música, soy una persona diferente. Creo que los instrumentos son como los juguetes para los niños inteligentes como yo.

Cuando llegamos a la clase de Música, la sita Victoria nos dio una orden en su voz bella.

–  Bienvenidos, clase. Manolito, siéntate y no toques nada, por favor.

el acordeon

Sabía que no debía tocar nada pero ese día la sita Victoria había sacado el acordeón. Las teclas blancas del acordeón estaban lustrosas como perlas y no podía esperar para más órdenes. Me puse nervioso, pero finalmente, empecé a tocar el instrumento en contra de los deseos de la sita Victoria. De repente, la sita Victoria me gritó y me riñó. Mientras mis amigos veían lo que pasaba, mi cara se puso roja como un fuego, más caliente que un desierto. Aunque la sita Victoria me gritó, como lo dije antes, la sita Victoria era simpática. También, es una mujer muy guapa, así que lamenté lo que hice. Después del incidente, la sita Victoria me dijo con su voz agradable que podía tocar todos los instrumentos en cinco minutos si la escuchaba a ella primero.

rincon de penitencia

Mientras me sentí mejor, Yihad no se lo podía creer.  Con su ceño fruncido normal, se quejó:

– Si yo hiciera lo que Manolito ha hecho, estaría en el rincón de la penitencia.

Era verdad que había cometido una equivocación, pero lo que Yihad dijo mostró que era más maleducado que yo. Siempre quería tirarse el rollo, pero Yihad es estúpido en realidad. La sita Victoria lo ignoró y Yihad se puso negro inmediatamente. Cuando la sita Victoria comenzó a hablar sobre las reglas del acordeón, Yihad me golpeó en mi oreja izquierda. Según lo que me dijo Yihad más tarde, fue un castigo por desobedecer a la maestra bella. Sin embargo, Yihad estaba a mi derecha. Por eso pensé que en realidad había sido el Orejones, quien me había golpeado la oreja porque él estaba a mi izquierda.  En la defensa de mi acción, a veces el Orejones era un cochino traidor y tenía orejas de culo de mono. Quería llorar porque mi oreja me dolía mucho, pero yo no podía portarme mal en la clase de la sita Victoria.

Empujé al el Orejones y gritó sorprendido.

– ¿Por qué me empujaste? ¿Cuál es tu problema hoy?

– ¿En serio? Me golpeaste primero. Eres peor que mi hermanito, el Imbécil.

Nos enfadamos y nos peleamos. La consecuencia de la pelea entre nosotros fueron las gafas rotas y dos viajes al rincón de la penitencia. Tenía miedo de lo que mi madre diría, ¡qué desastre! Nos sentamos en rincones diferentes toda la clase y se suponía que teníamos que estar en el rincón de la penitencia toda la clase, pero la sita Victoria no puede ejecutar sus órdenes porque las mujeres bellas y simpáticas como la maestra Victoria no puede ser como la sita Asunción. Después de quince minutos, la sita Victoria nos dijo que podíamos participar si nos comportábamos bien.

Las gafas rotas

Aunque mis gafas se rompieron, estaba feliz porque podía tocar el acordeón todavía. Finalmente, podría mostrar a la sita Victoria que soy un hombre de muchas habilidades. Pero cuando fue mi turno de tocar el acordeón, no pude ver las hojas de la partitura. Tenía que tocarlo bien para impresionar a la sita, pero las notas musicales parecían pecas negras en la cara del papel. Las cinco líneas se estaban arrastrando como lombrices y empecé a aterriorarzame. En el otro lado de la sala, Yihad quería parecer muy guay y estaba mostrando su talento musical a los compañeros de la clase. Yihad es mi amigo, pero me molesta a menudo. Por eso el Orejones y yo (con mi corazón generoso, había decidido perdonar a ese traidor) pensamos que sería divertido tirarle algo a Yihad. Buscamos algo alrededor de nosotros, pero no había nada. En ese momento exacto vimos a la Susana, quien había roto una tecla del acordeón. El Orejones vio lo que pasó y me dijo:

– ¿Quieres jugar un juego nuevo? La primera persona que dé un golpe a la cabeza de Yihad con una tecla del acordeón va a ser el rey el resto del día. ¡Vámonos!

El Orejones es un cochino y un traidor, pero siempre mola un pegote. El juego fue brillante y Yihad necesitaba un castigo para ser Yihad. Quería clarificar que no estaba envidioso porque todos sabían que si mis gafas no hubieran estado rotas, sería mejor músico que Yihad.

Después de discutir nuestro plan, todo estaba bien porque en ese momento, la sita Victoria anunció a la clase que tenía que ir al baño. Si tuviéramos suerte, jugaríamos este juego sin ningún problema con la maestra. Cuando la sita Victoria salió de la sala, hubo un alboroto en la clase. La clase era muy inmadura al portarse de esa manera. El Orejones y yo nos sentamos y tiramos de una tecla del acordeón. Sin embargo, era muy difícil tirar de una tecla, así que tuve que hacer más fuerza. Estaba un poquito nervioso porque quería terminar el juego antes de que la sita Victoria regresara a la clase. De repente, todas las teclas del acordeón volaron en el aire y se cayeron como la nieve. Cuando los compañeros estaban viendo lo que pasó, el Orejones gritó:

– ¡Estoy declarando una guerra!

Después del anuncio oficial del Orejones, él y yo empezamos a tirarle las teclas a Yihad. Era bueno que no jugáramos el béisbol porque no teníamos buena puntería. Una tecla estaba muy cerca de Yihad, pero no le golpeó. Contrario a nuestro plan original, la tecla le golpeó a la Susana, ¡Dios mío! El Orejones y yo miramos fijamente lo que pasó cuando la Susana empezó a llorar tan fuerte como ella podía. Con miedo, el Orejones me dijo:

-¿Qué vamos a hacer? La Susana tiene que dejar de llorar inmediatamente. ¡La sita va a regresar pronto!

– ¡El Orejones, le hemos molestado a la sita mucho hoy y no podemos causar más problemas!

La Susana esta llorando

En ese momento, la sita Victoria entró en la sala y vio el rollo en su clase.

– Queridos amigos, ¿qué pasó aquí? ¿Quién comenzó este desastre?

Antes de que la Susana pudiera confesar lo que había ocurrido, Yihad empezó a hablar con su voz molesta. Miró a la sita con sus ojos feos y le dijo:

– Sita Victoria, siento lo que pasó aquí. No podía controlar a los alborotadores y proteger a la inocente Susana. No merezco ser su estudiante favorito. ¿Puede perdonarme?

El Orejones y yo no pudimos decir nada para defendernos. Me había olvidado que eran novios. En un minuto, Yihad nos destruyó. Pero, estoy más enojado sobre lo que pasó después porque lo confirmaron todas mis creencias previas sobre el Orejones. No molaba un pegote. Era un cochino traidor. Era el más gordo de todos los traidores. El Orejones levantó su mano y le dijo a la sita:

– Sita Victoria, Yihad está diciendo la verdad, pero fue solamente Manolito el que comenzó todo. Mire mi acordeón. Manolito quería destruir este instrumento bonito y lo usó como un juguete. No soy culpable, pero siento este desastre.

En días como ese, eché de menos a mi hermano, el Imbécil, porque aunque mi hermano es estúpido, nunca me traicionaría.

En mi defensa, yo trataba de convencer a la sita Victoria que yo era inocente pero, la sita Victoria no me creyó. Una vez más, tuve que estar solo en el rincón. Cuando ya había estado quince minutos en el rincón, pensé que la sita Victoria me daría una oportunidad más pero ella no lo hizo. Me enfadó  que Yihad y el Orejones fueran los pelotas. El Orejones me vio en el rincón y me susurró:

– ¡Lo siento Manolito! ¡Yo te compensaré por haberte delatado. ¿Ya quieres ser mi amigo? Te prometo que no lo haré otra vez.

En ese momento, le odié al Orejones y por esta razón, yo giré mi cabeza. Yo no pude aceptar su disculpa. Después de cinco minutos, giré mi cabeza otra vez, y el Orejones me vio una vez más y me susurró en una voz un poco más ruidosa:

– ¡Manolito! ¡Lo siento! Yo tuve que hacerlo o nosotros dos habríamos estado metidos en un lío, uno o el otro. ¡Manolito! ¡Por favor!

Estaba mosqueado así que giré mi cabeza una vez más. Creo que mis acciones provocaron arrepentimiento en el Orejones. Pocos momentos después, el Orejones levantó la mano y le dijo a sita Victoria:

-Manolito no le lanzó una tecla del acordeón a la Susana y yo fui el culpable de que el acordeón se rompiera. Yo tuve la idea de jugar con las teclas del acordeón y por eso la Susana fue golpeada por una tecla del acordeón.

El Orejones y yo cambiamos nuestras posiciones pero la clase de Música había terminado y era la hora de a regresar a la casa. Cuando yo estaba caminando por la calle, estaba enojado porque perdí mi oportunidad de impresionar a la sita Victoria. De repente, el Orejones me preguntó:

– ¿Quieres ir a mi casa para tomar la merienda?

Yo le perdoné al Orejones porque en la clase de música el Orejones me hizo un favor. Mi madre no estaría feliz si la sita Victoria le dijera que su hijo era un instigador del caos. Ayer no fue un dia superbueno pero el Orejones y yo ya somos amigos y miramos el demonio de Tasmania juntos mientras merendamos. Así que no fue un día supermalo tampoco.

El orejones y Manolito

 

 

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