La peor enfermedad de todas

Autores: Sarah, Megan, David, Raymond

Hoy en la escuela, aprendimos sobre las enfermedades mortales.  Hay demasiado muchas maneras en que una persona puede morir. Un día, estarás bien y de repente, estarás en el hospital con grandes manchas rojas sobre todo de su cuerpo.  Esa enfermedad con esas manchas rojas se llama varicela.   Existen otras enfermedades, pero las otras son menos interesantes.

Llegué a mi casa y empecé a hablar con mi abuelo sobre las enfermedades. Él sabe un montón sobre las enfermedades porque está de la próstata.  Él dijo que si tenías unas de estas enfermedades, no debías y no podías ir al hospital.  Él odia la Seguridad Social en España porque los hospitales estaban demasiados masificados. También dijo que el nivel de los medicamentos y la ayuda eran peores que los del seguro privado.  Yo nunca he visitado el hospital, pero el chulito Yihad ha ido muchas veces porque Yihad se ha roto el brazo tres veces.  Yihad me dijo que en el hospital, muchas personas tosían y vomitaban y los doctores usaban bisturís. Pienso que preferiría morir de alguna enfermedad que recibir incisiones o inyecciones porque tengo miedo de las agujas en mi cuerpo.  Una vez cuando estaba vomitando, mi madre pensó que tenía gripe, pero afortunadamente solo tenía una fiebre y no tuve que ir al hospital y no tuve que aguantar las agujas.

Mi abuelo y yo teníamos hambre y comimos lentejas que eran las sobras de la otra noche.  Después de comer, mi abuelo me dijo que yo parecía un poco enfermo y  debía dormir.  En realidad, había estado pensando demasiado sobre las enfermedades, sin embargo fui a la terraza para dormir…

…Me desperté por la mañana con la luz del amanecer. Inmediatamente me sentí como si  no hubiera ninguna esperanza. Con ese sentimiento me di cuenta de que era lunes, el peor día de la semana. Es que el lunes es el inicio de la semana, y la semana significa escuela. Y en la escuela necesito aguantar mis clases y a mi sita Asunción. No he conocido a nadie en mi vida al que le guste la escuela. Creo que las personas de este tipo solamente existen en otras partes del mundo o en las películas. Quizás están en un mundo imaginario, o en otro planeta. No sé, pero estoy seguro de que ellos no viven en Carabanchel. En Carabanchel, todos los niños odian el lunes.

Entonces, cuando me puse las gafas, todo se puso transparente. Miré  mis manos y recibí la conmoción más grande y horrible de toda mi vida. ¡Mis manos estaban cubiertos de manchas rojas! Seguí buscando en mis brazos, mis piernas, todo el resto de mi cuerpo. De repente salté de mi cama y corrí al baño para mirar en el espejo los horrores que ya sabía. En el espejo vi mi cara, que también estaba cubierta de manchas rojas. ¡Qué horror! ¡Qué feo! No creía que mi vida pudiera ser peor. Era el lunes, el peor día de la semana. Tenía que ir a la escuela donde el chulito Yihad estaría esperándome para burlarse de mí porque mi cara era una explosión roja.

Pero entonces se puso peor. Se puso mucho, muchísimo peor. Recordé la lección de la clase del otro día…sobre las enfermedades mortales. Grité tan fuerte que se despertó la gente en Madrid, en Barcelona, y en los Estados Unidos.

— ¡AHHHHHHHHHH! ¡Ayuda! ¡Rápido! ¡Me estoy muriendo!

Es posible que tú creas que esto es una exageración. Pero voy a decirte porque yo grité tan fuerte. Mira, dije que en la escuela aprendimos sobre las enfermedades mortales. Y cuando me miré en el espejo y vi todas las manchas rojas, yo lo supe. Yo supe que tenía la varicela.

Entonces, mi madre entró en el baño y me encontró de esta manera. Al principio, me dio una colleja porque me dijo que todos los vecinos estaban enfadados porque eran solamente las seis y media. Pero después, ella vio a mi cara y casi le dio un ataque.

— ¡Manolito! ¿Qué te ha pasado en la cara?

— Pienso que tengo la varicela.

Mi madre me tocó la cara y respondió, con menos emoción, que yo solamente tenía muchas espinillas y podía ir a la escuela. Aunque parecía que yo me había divertido con una pluma roja en mi cuerpo, estaba de acuerdo con mi madre y decidí a ir a la escuela.

Como yo pensaba, Yihad me vio en la entrada de nuestra escuela, y inmediatamente empezó a reírse de mi. Yo empecé a perseguir Yihad, y Yihad huyó. Le perseguí por todas partes del parque infantil. Finalmente, yo alcancé Yihad y lo tiré al suelo.

— Yihad, ¡deja de reírte de mi!

— Pero Manolito, tienes muchas manchas rojas en todas partes de tu cuerpo. ¿Tu hermano usó una pluma para dibujar en tu cuerpo?

— No, capitán Merluza. Solamente me desperté con ellas.

Ambos nos levantamos y fuimos a clase porque la campana había sonado. Era un lunes típico. El lunes realmente es malo. Y fue peor porque todos mis amigos me preguntaban todo el día, ¿qué son estas manchas rojas?

Pero entonces, algo pasó que fue increíble. Al final del día, yo vi a Yihad, ¡y vi que Yihad tenía unas manchas rojas también! Yo le dije que él tenía unas manchas rojas en su cara, y de repente, el capitán Merluza tenía mucho miedo. Él corrió al baño para mirarse en el espejo las manchas rojas. Él empezó a llorar.

— ¡Tengo que ir al hospital Manolito! ¡Me has contagiado!

Él insistió de que nosotros fuéramos a la oficina de mi sita Asunción, y antes de que yo supiera lo que estaba pasando, nosotros estábamos en la parte de atrás del coche de mi sita Asunción, yendo al hospital.  La sita también llamó a mi casa, y mi abuelo Nicolas dijo que él iba a venir también al hospital para reunirse con nosotros allá porque la sita claramente tenía que regresar al colegio.

La oficina del médico es un lugar extraño y desconocido, bastante como el infierno.  Pero en el infierno no creo que te den dulces por comportarse como un niño bien educado.  Pues, no me preguntes a mí, porque la verdad es que generalmente me duermo los domingos en la iglesia después de haber hablado con mi padre toda la noche del sábado.  Por eso, mi madre suele darme una colleja.

Entonces, aquí estaba yo con mi abuelo en la sala de espera.  Le pregunté a él porque siempre llevaban las secretarías audífonos para usar el teléfono.  ¿Es que ninguna de ellas tiene la oreja derecha?  Mi abuelo me aseguró de que solamente los utilizan para hacerlo más facil hablar por teléfono y escribir a la vez, pero no sé si yo creerle.  Tendré que preguntar al Orejones, y él me dirá la verdad.

Me estaba picando mucho la piel cuando por fin me llamó la enfermera, y mi abuelo y yo entramos en la consulta médica.  No habíamos esperado mucho cuando el médico llegó.  Yihad, siempre cochino, me explicó que nunca tiene miedo del médico y que siempre mira la jeringa en el momento en que perfora su piel.  Lo que él no sabe es que un día estaba caminando cerca del hospital en nuestro pueblo, Carabanchel Alto (lo mejor del mundo), y lo ví saliendo con su padre, el señor Merluza.  Y sin duda, podía ver que Yihad se había hecho caca en sus propios pantalones.  Él todavía no se ha enterado de lo que pasó aquel día, y estoy ahorrando este trozo precioso de información para utilizarlo en un momento de crisis en mi vida.  Pero ahora he divagado de la cuenta de mi enfermedad mortal.

Estaba allá en la oficina con el médico, un hombre muy bien educado y vestido, con piel brillante y dientes aún más brillantes.  Como él no me tuteaba, me hizo sentar como un señor mayor.

De repente, empecé a sentirme muy extraño.  El mundo giraba y me pareció como el doctor y mi abuelo estaban derritiéndose.  Abrí la boca para gritar, pero solamente me salió una llamada de pájaro.  Con esto, me quedé aún más aterrorizado, pero no pude hacer ningún ruido que no fuera de animal.  Los ruidos de los pájaros, vacas, cerdos, leones, y ranas salieron de mi boca, pero ninguna palabra.  En el momento siguiente, todo era negro.  No estaba en la oficina del médico, no estaba en ningún lugar.

—¿He regresado yo al lugar entre la vida y la muerte en que se quedan los niñitos antes de nacer?

De repente, abrí los ojos y vi la cara de mi madre.  Ella tenía un trapo mojado en la mano.  Lo puso en mi frente.

— Cuídate, Manolito.  Tienes fiebre, pero estarás bien.  Debes dormir ahora.

—¿Qué me pasó en la oficina del médico?

— No estuviste en la oficina, Manolito.  Quizás te llevaré mañana si no mejora tu salud.  No entiendo lo que me dices.

Y con esto, se me di cuenta de que había despertado en mi cuarto; todo había pasado en mi mente.

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