El día de San Valentín en Carabanchel

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Me desperté con el sonido de mi madre gritando: — Manolito García Moreno, ¡ven a comer ahora! Tomó tres gritos para levantarme porque estaba soñando con la mujer de mis sueños, la Susana. ¿He mencionado mi amor por la Susana? Ella es perfecta. Tiene pelo negro como la noche, y es muy largo y suave. Ella huele como una combinación de flores y el pan que mi madre cocina cada día. Sus ojos son morenos y hermosos. Ella siempre reía cuando yo gastaba una broma. Y la cosa más importante, en sólo un segundo más del sueño creo que ella me hubiera besado en la mejilla. ¡Qué chasco! En cualquier caso, no estoy acostumbrado a mi nombre de nacimiento. Nadie externo de mi familia me llama Manolito. Si le preguntas a todos mis compañeros, incluyendo a mi mejor amigo, el Orejones López, o a la bestia de Yihad, o al amor de mi vida, la Susana, o todas las personas que viven en Carabanchel, todos me llaman Manolito Gafotas. Es un mote un poco vergonzoso pero es mi mote y me gusta mucho. Me levantó finalmente una colleja fuerte de mi madre y fui a desayunar con mucha prisa. Era un día especial porque era el Día de San Valentín. Aunque no soy muy católico, me encantan los dulces y la sonrisa de la Susana, y por eso siempre quería celebrar el Día de San Valentín. La semana pasada, la sita nos dijo que en los Estados Unidos, el Día de San Valentín era muy importante. Todas las tiendas venden rosas y hay muchas decoraciones en las calles en los Estados Unidos. Aparentemente, los hombres compran chocolates para las mujeres, y los novios compran flores para sus novias para mostrar su amor. Aún los niños en las escuelas participan en la tradición. En la mañana del Día de San Valentín, yo le había dicho a mi madre que la sita nos dijo que en los Estados Unidos, los padres siempre habían cocinado panqueques en la forma de los corazones para sus hijos. Desgraciadamente, soló recibí lo mismo de siempre, magdalenas y leche. Lo peor es que ese día, mientras estaba sentándome, sentí una cosa muy cálida y pegajosa en mi culo. Salté de la silla y grité: — ¡¿Qué es esto?! ¿El vómito del Imbécil? Pero era una de las magdalenas. Oí al Imbécil riendo y yo trataba de soltar una colleja a mi hermanito cuando mi madre me paró: — Por favor, no grites. ¿Quieres otra colleja? — ¡No quiero otra colleja, quiero otros pantalones! Estos son mis pantalones favoritos y necesito impresionar a la Susana con ropa atractiva para tener una pareja en San Valentín. — No me importa. No soy de los Estados Unidos. Y además, creo que es más importante que seas simpático con tu hermano en el Día de San Valentín. Ahora, ¡ve a la escuela! Lo último que vi cuando salía de la casa fue a mi abuelo comiendo la magdalena de mi silla. No estaba tan cálida ni pegajosa pero creo que a él le gustaba mucho. El Orejones y yo caminamos a la escuela mientras hablábamos del Día de San Valentín. Como hacía mucho frío, quería cerrar mi trenca pero mi cuerno estaba roto. Pero esta es una historia para un tiempo diferente. El Orejones me preguntó: — ¿Quién va a ser tu pareja en San Valentín? Creo que nadie querrá ser tu Valentín porque eres un cochino, ¡mira tus pantalones sucios! — Por lo menos, no tengo orejas de culo de mono. ¿Quién será tu Valentín, un gorila? — Espero que Yihad sea tu Valentín. ¡Y no me llames así! Mi madre me dijo que mis orejas son muy masculinas como las de Arnold Schwarzenegger. Además, tienes gafas de culo de vaso como Steve Urkel. Quizás la Susana debe ser mi Valentín… — ¡Anda ya! Tú sabes que la quiero. — Ya sé, ya sé… sólo es un chiste. Pienso que este es el año que la Susana va a ser tu Valentín. Y entonces él me dio una colleja en mi nuca de una manera juguetona. Por el resto del camino, caminamos en silencio total. Yo noté que en el parque del Ahorcado había un globo rosado en la forma de un corazón en la rama más alta del árbol. Yo pensé: <<Este es un globo muy bonito, mola mil pegotes. Debe ser la llave del corazón de la Susana. ¡Necesito dárselo a ella!>> Le exigí al Orejones: — Ayúdame a conseguir el globo. — No, necesitamos ir a la escuela. ¡Vamos a llegar tarde! — Vale, lo haré solo En seguida, empecé a subir al árbol. Desafortunadamente, había engordado por todas las hamburguesas que me había comido con mi abuelo durante los últimos meses. Sentí que las ramas empezaban a romperse, y la próxima cosa que supe, es que me había caído al suelo. Miré mi mano para ver si tenía el globo, pero no pude ver nada. ¡Mis gafas estaban rotas! Ojalá tuviera el globo en mi mano. Magullado y ensangrentado, continué a la escuela. Llegué a mi clase muy tarde porque no pude ver nada durante el trayecto. Cuando abrí la puerta de mi clase yo vi todos los colores brillantes, rojos y rosados, de las decoraciones que la sita había puesto en las paredes. Que embarazoso, toda la clase estaba mirándome. Yihad, el chulito, rió y me preguntó: –¿Qué ocurrió? ¿San Valentín te dio una paliza?” Y toda la clase rió con Yihad, menos la Susana, mi ángel. La sita se enfadó y nos dijo con mucha rabia: — ¡Yihad, cállate! Y Manolito, siéntate. Ahora es el tiempo para celebrar el Día de San Valentín y regalar sus tarjetas de San Valentín. Supe que mi regalo de San Valentín, sería el mejor. Claro que un globo en la forma de un corazón es más romántico que una tarjeta. Esta fue mi gran oportunidad para impresionar a la Susana. Con mucho nerviosismo, me acerqué al escritorio de mi amor con el globo en mi mano y mi corazón saltando dentro de mi pecho. Cuando llegué al escritorio, apareció Yihad: Que lindo tu globo, Manolito. ¿Es para mí? Antes de poder contestar, Yihad sacó una chincheta y un momento después, oí un fuerte PUM. Mi corazón se rompió mientras miraba el globo cayendo al suelo. El resto de mi día escolar fue terrible. No pude leer porque mis gafas todavía estaban rotas, y tampoco pude salir de la escuela temprano porque necesité que el Orejones me ayudara. Creía que el día no podía ser más horrible cuando el Yihad me dio la tercera colleja del día, directamente en mi nuca. Yihad, el demonio de mi vida, con su risa malvada me dijo: — ¡Gracias por el globo, Manolito! Eres el mejor Valentín de todos. Pasé por la puerta y fuera de la escuela, todavía escuchando las risas de mi clase. Corrí al parque del Ahorcado y empecé a llorar. Pensé: <<Este es el peor día del mundo mundial. ¡Odio el Día de San Valentín, a Yihad, y a toda mi clase!>> Pero en mi momento más horrible, oí la voz de un ángel. La Susana estaba enfrente de mí, con un globo nuevo, también en la forma de un corazón. Yo estaba tan sorprendido que casi me hice pipí en mis pantalones, igual que el imbécil. — Manolito, siento que Yihad haya roto tu globo. Aquí tienes un globo nuevo. ¿Quieres ser mi Valentín? — Claro que sí, ¡gracias mil veces! Susana me dio su mano y el globo y me ayudó a caminar a mi casa, mano en mano. ¡Fue el mejor día de mi vida! Yo sabía que estábamos hechos el uno para el otro. Mi padre nos saludó en frente de la casa y me guiñó un ojo. Él me llamó a la cocina para hablar conmigo sobre mi primera cita con la Susana. — ¿Cómo fue tu gran Día de San Valentín? ¿Fue todo lo que querías? Me parece que sí… — Sí, pero creo que este momento es como el momento en las películas cuando debería besar a la chica. ¿Tienes consejos para mí? — Tienes la sangre de Los Moreno, no te preocupes. ¡Ve a besarle! Con mucha confianza, yo salí de la cocina, y fui a la sala para besar a la Susana como en mis sueños. Pero cuando llegué a la sala, la Susana se había ido. Al principio, me sentía como Batman cuando Gatúbela le traicionó. Pero en el final, me di cuenta que tengo algo mejor que Gatúbela. Tengo mi secuaz, el Orejones. En cualquier caso, soy demasiado joven para novias.

One thought on “El día de San Valentín en Carabanchel

  1. ¡Qué bueno está este blog! ¡Vamos todos a Carabanchel con Noelle y Emily! ¡Felicitaciones por ser las primeras!

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